miércoles, 5 de octubre de 2016







TODO IRÁ BIEN

Después de una noche loca, pero no loca de diversión, sino  de insomnio de los más absolutos, me obligaba a cerrar los ojos para dormir, hasta que harta de exigirme , incluso para conciliar el sueño, me dije a mí misma: ¡ Qué narices! < Abre los ojos> ( como la película de Amenabar) creo recordar, pues, no lo he comprobado en el google. Me asomé a la ventana y pude ver la hermosura de la Vía Láctea, la imagen de  José, que así se llama mi tendero, vino acompañada de una afirmación del tipo, ese hombre  me gusta, pero no es que esté enamorada de él, ni mucho menos, afortunadamente, el verbo gustar, va asociado a más conceptos , que no sólo al amor. Hablamos de carne, por supuesto, de recetas de cocina, de peluquería, ¡ si! ( de peluquería), con  él no va el famoso dicho de los clientes siempre tienen la razón, en ocasiones me ha dicho que para nada me favorece el rubio que me pongo y que eso debería  decírmelo la peluquera. Pero es que mi carnicero no se vende, sólo vende sus productos, las teorías mercantilista y de marketing están reñidas con él. Es un hombre de principios y coherente, además me enseña. Hablamos de política, afortunadamente los dos sintonizamos en la misma ideología, pero no por eso me gusta mi carnicero, sino porque me ayuda a situarme en el mundo, me habla de clases sociales, de ricos y de pobres, de la política que envuelve cada acto cotidiano incluso cuando educamos a nuestros hijos, de agricultura y de cómo enseña a sus nietas a ponerle nombre a los árboles. Se ha convertido en una persona importante en mi vida, como éste olor a higo que me envuelve después de un baño caliente que templa mis nervios.  Pienso en las metaanfetaminas, utilizadas por el führer  para favorecer el nacionalsocialismo y construir un ejército de hombres  enérgicos, hábiles y de fachada aparente, para demostrar al mundo lo bien que lo estaba haciendo,  farmacéuticos encerrados en laboratorios con la única obsesión de hacer drogas para convertirlos  en robots, seres perfectos, y mi mente como un embudo , filtra todas esos pensamientos y desemboca mi atención en mis hijos, ( el pánico me llena ) Clamo al cielo, pero  me quedo sola en mi clemencia, porque  a quién le pido a Dios o al hombre. No obtengo   respuesta. Vuelvo a pensar en mi carnicero, es un hombre sincero, como los hay muchos , mientras existan personas como él, me digo,  para mí será un placer, refugiarme en mi jabón con perfume de higos tras noches de insomnio  y pensar como anoche lo hacía para calmar mi temor: 

 Todo irá bien.

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