lunes, 14 de noviembre de 2016



UNA BREVE HISTORIA DE AMOR





ENSOÑACIÓN




La primera vez que mi madre me envió a aquel lugar, un hombre sentado tocando el piano se levantó para abrirme la puerta. Yo debía  tener alrededor  de unos 15 años. Francis, que así se llamaba tenía una aspecto rotundo, al menos, a mí, a esa edad,  así me lo parecía. 

Le llevaba la ropa limpia que él por su falta de tiempo no podía adecentar. Antes de que me abriera escuché el crujir de sus pasos sobre la madera, me recibió con una sonrisa a la vez que me invitaba a entrar.  

En el pequeño trayecto que había de mi casa a la suya, así su ajuar de cama contra mi pecho para que no se me perdiera, así me lo había pedido mi madre. No sólo le devolvía una ropa límpía cualquiera, sino que le entregué unas sábanas impregnadas del olor a verano, de los encuentros con mi primer y único amor.

 Un chico delgado,  de ojos azules y descarados su nombre sabia a dulce cuando lo pronunciaba, me gustaba deletrearlo poco a poco. Mi boca imitaba un círculo, mi lengua,  se detenía entre mis dientes, escuchaba las sílabas de su nombre golpear mis labios. 


Ese fue mi primer contacto con el sexo: Su nombre y mi boca.

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